Y al séptimo día… ¡descanso total!… y eso es lo que hicimos, durmiendo un poquito mas de la cuenta, pero no saltándonos el desayuno, que es la única comida incluida en la estancia en el hotel y había que aprovecharla, por lo que bajamos al comedor y tomamos nuestras ultimas raciones de croissants, de queso, de salchichas, y de algo que parecían huevos revueltos con leche o nata, pero que estaban buenísimos.
Salimos del hotel a respirar un poco del aire “parisien” y nos encontramos con una sorpresa: justo al lado del hotel, donde siempre veíamos una gran puerta de garaje cerrada, pudimos observar que estaba abierta y que en su interior había una iglesia empotrada entre las paredes de un edificio moderno, con apenas una separación de tres metros a cada lado del edificio, siendo de la orden de los Dominicos, decidiéndonos a entrar, con la solemnidad y el respeto que el lugar merecían (que aunque no siendo católicos practicantes ni militantes, tan solo por un bautismo de recién nacidos, donde no hubo elección posible) el saber estar ante cualquier lugar lleno del Espíritu de la Luz debe ser siempre la norma de un buen Metafísico… El lugar y el silencio del mismo nos envolvió, como un útero materno calido y acogedor, realizando una plegaria al universo por la paz de todos e impregnándonos del Amor Divino para fortalecer nuestra relación y destino común en este espacio tiempo que compartimos.
Volvimos a la realidad y, ya en el hotel, descansamos un poco mas; al despertarnos, con el cuerpo recuperado de tanta emoción y con la libido subida, nos dedicamos a hacer el amor durante unas cuantas horas, hasta que volvimos a dormirnos… Almorzamos los restos de comida que aun quedaba de la ultima compra que hice, y se me ocurrió una idea romántica para despedirnos de Paris invocando al Espíritu del Amor: tome las flores que le compre a mi pareja días atrás, las corte un poco y, formando un ramito con papel celofán e hilo de rafia, las tres rosas rojas, abiertas casi en su totalidad, ya estaban dispuestas para ser llevadas hasta el río Sena, y servir de tributo al ser arrojadas al mismo para que, simbólicamente, el río de nuestra vida se llene de amor y respeto, sensualidad y pasión, sueños e ilusiones…
Nos dirigimos caminando hasta el Sena mientras el sol comenzaba a declinar por el horizonte, llegando hasta el puente de Alejandro III, y accediendo a la parte inferior del mismo, donde nos acercamos a la barandilla y, tras una breve oración llamando al Amor, tiramos las rosas al río, viéndolas perderse en sus profundidades y, al dirigirnos a la parte alta del puente, pude ver como la iluminación de la torre Eiffel se encendía, sacando una foto (la pena es que no salio el efecto), ya que parecían las luces parpadeantes de un árbol de Navidad gigante, pareciéndome una señal ante el ritual realizado.
Volvimos al hotel subiendo por la calle de Campos Eliseos, encontrando casi todas las tiendas abiertas y, tal como dije en otro post, nos metimos a mirar tiendas y souvenirs, comprando alguna cosilla mas (algo inevitable)… Aquí me saque una foto, ya de noche, para demostrar lo fresquito que iba de vestimenta: sandalias blancas, pantalón color gris perla finísimo, un polo color fucsia y mi sombrero negro… Y así, tan a gustito, viendo a todo el mundo abrigado como si estuvieran en el polo norte (incluida mi pareja), nos fuimos a dormir al hotel ya que nos venían a recoger para ir al aeropuerto a las cinco de la madrugada, no sin antes llevarnos una pizza para cenar.
Salimos del hotel a respirar un poco del aire “parisien” y nos encontramos con una sorpresa: justo al lado del hotel, donde siempre veíamos una gran puerta de garaje cerrada, pudimos observar que estaba abierta y que en su interior había una iglesia empotrada entre las paredes de un edificio moderno, con apenas una separación de tres metros a cada lado del edificio, siendo de la orden de los Dominicos, decidiéndonos a entrar, con la solemnidad y el respeto que el lugar merecían (que aunque no siendo católicos practicantes ni militantes, tan solo por un bautismo de recién nacidos, donde no hubo elección posible) el saber estar ante cualquier lugar lleno del Espíritu de la Luz debe ser siempre la norma de un buen Metafísico… El lugar y el silencio del mismo nos envolvió, como un útero materno calido y acogedor, realizando una plegaria al universo por la paz de todos e impregnándonos del Amor Divino para fortalecer nuestra relación y destino común en este espacio tiempo que compartimos.
Volvimos a la realidad y, ya en el hotel, descansamos un poco mas; al despertarnos, con el cuerpo recuperado de tanta emoción y con la libido subida, nos dedicamos a hacer el amor durante unas cuantas horas, hasta que volvimos a dormirnos… Almorzamos los restos de comida que aun quedaba de la ultima compra que hice, y se me ocurrió una idea romántica para despedirnos de Paris invocando al Espíritu del Amor: tome las flores que le compre a mi pareja días atrás, las corte un poco y, formando un ramito con papel celofán e hilo de rafia, las tres rosas rojas, abiertas casi en su totalidad, ya estaban dispuestas para ser llevadas hasta el río Sena, y servir de tributo al ser arrojadas al mismo para que, simbólicamente, el río de nuestra vida se llene de amor y respeto, sensualidad y pasión, sueños e ilusiones…
Nos dirigimos caminando hasta el Sena mientras el sol comenzaba a declinar por el horizonte, llegando hasta el puente de Alejandro III, y accediendo a la parte inferior del mismo, donde nos acercamos a la barandilla y, tras una breve oración llamando al Amor, tiramos las rosas al río, viéndolas perderse en sus profundidades y, al dirigirnos a la parte alta del puente, pude ver como la iluminación de la torre Eiffel se encendía, sacando una foto (la pena es que no salio el efecto), ya que parecían las luces parpadeantes de un árbol de Navidad gigante, pareciéndome una señal ante el ritual realizado.
Volvimos al hotel subiendo por la calle de Campos Eliseos, encontrando casi todas las tiendas abiertas y, tal como dije en otro post, nos metimos a mirar tiendas y souvenirs, comprando alguna cosilla mas (algo inevitable)… Aquí me saque una foto, ya de noche, para demostrar lo fresquito que iba de vestimenta: sandalias blancas, pantalón color gris perla finísimo, un polo color fucsia y mi sombrero negro… Y así, tan a gustito, viendo a todo el mundo abrigado como si estuvieran en el polo norte (incluida mi pareja), nos fuimos a dormir al hotel ya que nos venían a recoger para ir al aeropuerto a las cinco de la madrugada, no sin antes llevarnos una pizza para cenar.
Y nos marchamos de Paris, una madrugada húmeda y silenciosa, con la mirada puesta el vuelo de Madrid a Las Palmas, ya que nos advirtieron que había huelga de tripulantes de cabina y podrían retrasarse los vuelos (de hecho, nos adelantaron el viaje que teníamos, ya que estaba prevista la salida del hotel al mediodía y del avión a las dos de la tarde, aunque salimos ganando al cambiarnos ya que estábamos en Las Palmas a las tres de la tarde y viajamos las dos veces en primera clase)… Por suerte, todo salio bien y, ya en casa, dejamos las maletas y almorzamos en un japonés, volviendo a casa rápidamente y metiéndonos en la cama para caer rendidos en brazos de Morfeo, soñando que aun estábamos en Paris, paseando por las orillas del Sena mientras oíamos los acordes de un acordeón lejano tocando “Sous le Ciel de Paris”.
Bon voyage, mon ami.



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