Cuando ocurre algo insólito, todas las demás cosas se olvidan, todo aquello que te preocupa desaparece, por lo que si alguna vez en tu vida te ocurre algo similar a lo que voy a describir, tenlo siempre presente en todos y cada uno de los momentos difíciles que tengas, como un referente, sabiendo que todo lo que nos pasa tiene un significado y que esta vida es tan solo una ilusión, un espejismo, un reflejo de algo aun desconocido por nosotros en esta realidad.
Ocurrió que, un día, estaba paseando por una calle céntrica de mi ciudad, mirando tiendas despreocupadamente, buscando algún objeto exótico, diferente, para decorar el salón de mi casa, cuando me pare delante de una tienda, sorprendido ante la variedad de artículos que había en el escaparate, muchos de ellos de origen asiático, siendo esta una cultura que me fascina (tal vez estuve por allí en alguna vida anterior).
Pude ver unas esculturas de Buda en madera de un tamaño considerable, así como unas lámparas multicolores echas con tela encerada que me gustaron; mas, cada vez sentía con mayor intensidad que debía entrar en el interior, acercándome a la puerta y observando todos los artículos grandes y pequeños que tenia expuestos; en particular, me llamo la atención una puerta que daba a la trastienda, donde pude ver veladamente un atril labrado en madera en el cual estaba un libro de grandes cubiertas de cuero negro, como si fuera un incunable de gran valor esperando a que le pusiera la vista encima.
No me lo pensé dos veces y entre, no encontrando a simple vista a ningún empleado, por lo que me puse a curiosear los estantes que rebosaban de figuras y objetos de todas las culturas, así como un sinfín de sándalos de olores y tamaños variados; de repente, del fondo de la tienda salio una mujer, de aspecto agradable, rondando la cincuentena, largo cabello rubio con mechas blancas formadas por diminutas canas que le daban un aspecto de sacerdotisa de antiguos misterios, vestida con un largo traje de corte ibicenco de color blanco, que resaltaba con sus claros ojos verdes y su talle espigado.
- ¡Buenas tardes!, ¿puedo ayudarle en algo?… tenemos una gran variedad de artículos de regalo, a precio razonable, y si no encuentra algo por aquí a lo mejor en la trastienda descubre algo que le interesa -
¡Su voz!, tenia algo mágico, envolvente, sensual, y a la vez emanaba una serenidad que incitaba a mirarla fijamente.
- Ah… hola, que tal… perdone, pero me pillo desprevenido… Vera, buscaba algo exótico, mas bien oriental, una figura o así, pero veo que tiene aquí tantas cosas que… -
- Si, es cierto… Digamos que tengo unos proveedores que siempre están pendientes de las ofertas que hay en el mercado, sobre todo de antigüedades o en artículos étnicos… En ese aspecto puedo estar contenta… Y si busca algo en especial, y no lo necesita próximamente, me puede encargar cualquier cosa y se la buscamos… Luego usted decide lo que le interesa y se la compramos en origen a un bajo coste, para que no le repercuta mucho en el bolsillo… -
Esbozo una ligera sonrisa, algo picara, de complicidad, y me invito a seguirla hasta un banco de madera labrada que representaba un tronco caído cubierto por ramas de hiedra; allí nos sentamos y, sin dejar de mirarme fijamente, casi escudriñando hasta el fondo de mi alma, espero pacientemente hasta que yo volviera a hablar.
- ¿Sabe?, quisiera confesarle algo, una sensación que tuve cuando me pare delante de su tienda, al mirar su escaparate. - Hice una pausa y, entonces, ella me miro con un interés inusitado.
- Bueno, tal vez le parezca una estupidez, pero sentí como si algo me llamara desde el interior…, como si una voz me dijera que tenia que entrar y que encontraría algo mas que un objeto decorativo, casi como un regalo para mi… Hum, vera, además de gustarme la cultura oriental, también me encanta su filosofía, el Taoísmo, el Yoga, la meditación, y practico algunas de estas cosas, por lo que a veces me ocurre que percibo como si alguien o algo me sugiriera cosas…-
Tenia la mirada baja mientras le decía esto y, cuando empecé a subirla para ver la expresión de su rostro, fue como si todo se iluminase, formándose una gran sonrisa en su cara y levantándose pausadamente sin dejar de mirarme. - ¡Lo sabia!. ¡Sabia que esto iba a pasar!. ¡Anoche lo soñé!. No pude distinguir tu rostro pero si tu esencia. Y aunque no estaba muy segura, quise que te sentaras en este banco…, tiene una propiedades especiales que te hacen hablar desde el fondo de tu alma, sin que uno se sienta cohibido ante un extraño… ¡Y aquí estas! -
Todo era tan confuso para mi…, mas tenia la sensación cada vez mas intensa de que ese día todo iba a cambiar, de que esa mujer y yo teníamos mucho que decirnos.
Fin de la 1ª parte.



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