Ya con el cansancio de días atrás apetece tomarse las cosas con tranquilidad, y hoy decidimos acabar visitando la tumba de Napoleón, en Los Inválidos, un majestuoso monumento en la misma línea que las grandes moles que hemos visto días atrás, y en la que esperamos encontrar los últimos souvenirs que nos faltan (aunque decir esto de ultimas cosillas es una tontería, ya que siempre aparece a la vista algo que nos gusta y, claro, el afán consumista tira mucho).
Nuevamente agarre el mapa y mire una ruta hacia el Sena lo mas corta posible, bajando por una de las grandes avenidas desde el Arco del Triunfo, no tardando mucho tiempo en llegar… El día estaba algo lluvioso, pero se podía caminar sin problemas, y con la ayuda del paraguas evitamos el quedar calados como los primeros días… Eso si, yo opte nuevamente por ir ligero de equipaje, o sea, de ropa, con lo que llevaba zapatos, camisa de manga larga, gabardina y, por supuesto, mis ya inseparables sombrero negro y bufanda.
Dado que nuestra intención primaria era realizar las compras que nos habían solicitado, sacamos unas cuantas fotos del lugar y nos dirigimos a la boutique donde tenían desde muñequitos vestidos con ropaje militar, libros históricos y de batallas famosas, hasta efigies de Napoleón y Josefina por doquier (por cierto, en algunas fotos de hoy hicimos la gracia de posar como solía hacer el susodicho, con una mano en el pecho metida bajo el abrigo, aprovechando yo el sombrero para, poniéndolo de lado, emular los de la época).
Y como hasta para ver a los muertos hay que pagar, decidimos aprovechar los euros que costaba la entrada para tomarnos después unos cafés en una terraza, admirando el paisaje (humano y divino) que encontrábamos tan solo con levantar la cabeza hacia cualquier parte… Paris, en su totalidad, es un monumento levantado a la historia humana, desde la guerra y hasta la paz, es una oda a la osadía de los seres pensantes que decidieron romper esquemas y ser creadores, polemizando, destruyendo y construyendo, y siendo capaces de empezar de cero, estando abiertos a credos, culturas y razas diferentes (esto ultimo fue algo que me maravillo, encontrando todo tipo de colores de piel por todas partes, sobre todo de raza oriental)… Vamos, algo digno de ver.
Después de ver este gran mausoleo, nos acercamos nuevamente hacia la zona del barrio latino y, ya cansados y algo mojaditos, decidimos parar un poco y apenas llegamos hasta el Panteón, sentándonos en una terraza y tomándonos unos cafés mientras veíamos como las ultimas horas que íbamos a pasar en Paris se nos escurrían por los dedos cual arena del desierto… Nos volvimos al hotel en autobús, cogiendo uno que ya conocíamos y que nos dejaba en el Parque Manceau, justo detrás del hotel, y desde el cual saque un par de fotos a otro de los edificios emblemáticos de la zona de la Opera, La Madeleine, un monumento que mas bien se parece a uno de los que puedes encontrar en Grecia (eso si, este estaba enterito, no destrozado como los del Partenón).
Descansamos en el hotel, durmiendo unas pocas horas, ya que por la noche teníamos la ultima actividad que venia en el paquete turístico de la agencia de viajes: espectáculo y cena el club La Belle Epoque… Creo que esto es lo que nos faltaba desde que llegamos a Paris, algo de diversión y un tiempo para reír, cenar bien y disfrutar de un buen espectáculo, desde música en vivo, malabaristas y, por supuesto, las bailarinas del club (de una estética sumamente bella, pero delgadas como ramitas de bambú), las cuales bailaron el Can-Can, así como descubrieron sus encantos en sugerentes bailes de tenue iluminación y alta sensualidad… Eso si, todo con un toque de sensibilidad y belleza increíbles, que todos los presentes disfrutamos.
El espectáculo duro casi tres horas y media, que se nos pasaron enseguida y, ya que no podíamos sacar fotos en el interior, hice dos en el exterior del local que por la luminosidad de los neones apenas dejaban ver nuestros cuerpos… Nos fuimos al hotel (en taxi, tal como fuimos), y volvimos a caer rendidos en la cama, preparándonos para vivir el ultimo día completo en Paris, soñando esa noche con Versalles, bailes de época, damas y caballeros, carruajes tirados por blancos alazanes y noches de pasión en sabanas de rojo satén…
Nuevamente agarre el mapa y mire una ruta hacia el Sena lo mas corta posible, bajando por una de las grandes avenidas desde el Arco del Triunfo, no tardando mucho tiempo en llegar… El día estaba algo lluvioso, pero se podía caminar sin problemas, y con la ayuda del paraguas evitamos el quedar calados como los primeros días… Eso si, yo opte nuevamente por ir ligero de equipaje, o sea, de ropa, con lo que llevaba zapatos, camisa de manga larga, gabardina y, por supuesto, mis ya inseparables sombrero negro y bufanda.
Dado que nuestra intención primaria era realizar las compras que nos habían solicitado, sacamos unas cuantas fotos del lugar y nos dirigimos a la boutique donde tenían desde muñequitos vestidos con ropaje militar, libros históricos y de batallas famosas, hasta efigies de Napoleón y Josefina por doquier (por cierto, en algunas fotos de hoy hicimos la gracia de posar como solía hacer el susodicho, con una mano en el pecho metida bajo el abrigo, aprovechando yo el sombrero para, poniéndolo de lado, emular los de la época).
Y como hasta para ver a los muertos hay que pagar, decidimos aprovechar los euros que costaba la entrada para tomarnos después unos cafés en una terraza, admirando el paisaje (humano y divino) que encontrábamos tan solo con levantar la cabeza hacia cualquier parte… Paris, en su totalidad, es un monumento levantado a la historia humana, desde la guerra y hasta la paz, es una oda a la osadía de los seres pensantes que decidieron romper esquemas y ser creadores, polemizando, destruyendo y construyendo, y siendo capaces de empezar de cero, estando abiertos a credos, culturas y razas diferentes (esto ultimo fue algo que me maravillo, encontrando todo tipo de colores de piel por todas partes, sobre todo de raza oriental)… Vamos, algo digno de ver.
Después de ver este gran mausoleo, nos acercamos nuevamente hacia la zona del barrio latino y, ya cansados y algo mojaditos, decidimos parar un poco y apenas llegamos hasta el Panteón, sentándonos en una terraza y tomándonos unos cafés mientras veíamos como las ultimas horas que íbamos a pasar en Paris se nos escurrían por los dedos cual arena del desierto… Nos volvimos al hotel en autobús, cogiendo uno que ya conocíamos y que nos dejaba en el Parque Manceau, justo detrás del hotel, y desde el cual saque un par de fotos a otro de los edificios emblemáticos de la zona de la Opera, La Madeleine, un monumento que mas bien se parece a uno de los que puedes encontrar en Grecia (eso si, este estaba enterito, no destrozado como los del Partenón).
Descansamos en el hotel, durmiendo unas pocas horas, ya que por la noche teníamos la ultima actividad que venia en el paquete turístico de la agencia de viajes: espectáculo y cena el club La Belle Epoque… Creo que esto es lo que nos faltaba desde que llegamos a Paris, algo de diversión y un tiempo para reír, cenar bien y disfrutar de un buen espectáculo, desde música en vivo, malabaristas y, por supuesto, las bailarinas del club (de una estética sumamente bella, pero delgadas como ramitas de bambú), las cuales bailaron el Can-Can, así como descubrieron sus encantos en sugerentes bailes de tenue iluminación y alta sensualidad… Eso si, todo con un toque de sensibilidad y belleza increíbles, que todos los presentes disfrutamos.
El espectáculo duro casi tres horas y media, que se nos pasaron enseguida y, ya que no podíamos sacar fotos en el interior, hice dos en el exterior del local que por la luminosidad de los neones apenas dejaban ver nuestros cuerpos… Nos fuimos al hotel (en taxi, tal como fuimos), y volvimos a caer rendidos en la cama, preparándonos para vivir el ultimo día completo en Paris, soñando esa noche con Versalles, bailes de época, damas y caballeros, carruajes tirados por blancos alazanes y noches de pasión en sabanas de rojo satén…



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