Hoy llegamos al meridiano de nuestra estancia en Paris, y no podía ser de otra manera: TENÍAMOS QUE VER DE CERCA LA TORRE EIFFEL Y EL SENA..., no había otra opción, y así lo hicimos, volviendo a desplazarnos caminando por una de las grandes avenidas hasta llegar al Palacio de Chaillot, y cruzando el puente de D´Iena, nos encontramos de bruces con la Gran Mole de Hierro, la torre Eiffel, que es tan inmensa que se ve desde cualquier parte que mires.
Nos pensamos si subir o no hasta lo alto de la misma, pero eso de hacer cola y de estar pagando un dinero que nos podía servir para almorzar o cenar en un restaurante de la zona nos hizo desistir, sacándole fotos desde todas las partes posibles, así como a los jardines de los Campos de Marte y casi hasta llegar al Museo del Louvre, donde nos dimos la vuelta y volvimos hasta el Sena para coger un Batobus, uno de los barcos con ruta alrededor del río y desde donde ver los monumentos mas importantes que hay a sus margenes.
Nos subimos y fue un sin parar de hacer fotos, algo increíble de ver para gente que, como nosotros, veníamos por primera vez a París... La torre Eiffel estaba preciosa desde dicha perspectiva, así como los puentes principales por los que pasamos, acompañandonos en todo momento el buen tiempo, con un precioso día soleado que practicamente me hizo estar en mangas de camisa y sudar en cantidad, empapándome la ropa térmica que llevaba debajo.
En esta época los cambios de temperatura son notables por lo que se ve, aunque me imagino que dentro de un mes el frió se hará notar casi como una constante, y la presencia de las lluvias sera mas permanente, por lo que creo que llegamos en un tiempo adecuado: un frió aceptable y al que se puede adaptar uno bien (yo le comentaba a mi pareja que se me hacia recordar al frió que sentí en uno de los pueblos de nuestra isla, San Mateo, por el mes de diciembre o enero, pero sin tanta sensacion de humedad como en la isla).
Terminamos la ruta y nos volvimos al hotel, caminando de vuelta otra vez, notando ya el cansancio de varios días de caminata constante, descansando y tomándonos la tarde noche (ya que eran casi las seis) para descansar de tanto ajetreo.
Mi pareja se quedo dormida al instante, pero yo me baje a la recepción del hotel a escribir algo en mi blog y a pasar las fotos del día al ordenador, ocurriendoseme de pronto una idea: estar en París y no salir a cenar de forma romántica seria imperdonable, por lo que llame a mi pareja y le dije que la invitaba a salir, reservandome decirle que hibamos a cenar ya que era una sorpresa, acordándome que vi unos puestos de flores cerca y saliendo a todo correr a ver si aun estaban abiertos.
Un ramo de tres rosas rojas y una orquídea, con un poquito de florecillas blancas, todo ello envuelto en un papel celofan violeta claro y anudado gracilmente con hilo de rafia... Vamos, que iba por la calle todo orgulloso destino al hotel, con mi gran ramo, y observando si había cerca algún restaurante al que pudiéramos ir, observando que había un italiano y con pizzas a buen precio.
Al entrar a la habitación, con mi ramo en la mano, pensé que la iba a sorprender, pero se ve que el cansancio y un extraño mal humor se había apoderado de ella, por lo que la sorpresa fue poca, optando ya por decirle que la invitaba a cenar a un italiano por si acaso, no fuera que no se sintiera a gusto, diciendome que si pero aun notándola incomoda... Yo me había vestido como un dandy y ella se había puesto la misma ropa que por la mañana, cosa que le comente, ya que esperaba que le ilusionase la salida, pero se ve que su estado de animo no era el mejor.
Ya, como si fuera una rutina, ME VOLVÍ A EQUIVOCAR DE LOCAL (bueno, era de noche, y algunos sitios repetían la forma exterior) por lo que entramos en un restaurante libanes, cosa que me di cuenta por la decoración y al no ver en la carta pizza alguna... Tengo que reconocer que estuvieron bien la ensalada oriental, los pinchos de ternera y los garbanzos molidos, con lo cual, la velada se paso tranquila y fueron saliendo los demonios internos que la apesadumbraban lentamente, pudiendo sonreír quedamente de vez en cuando... Volvimos al hotel sin mas al salir del restaurante, ya que empezó a llover y no pudimos dar un paseo romántico... Otra vez sera.
Nos pensamos si subir o no hasta lo alto de la misma, pero eso de hacer cola y de estar pagando un dinero que nos podía servir para almorzar o cenar en un restaurante de la zona nos hizo desistir, sacándole fotos desde todas las partes posibles, así como a los jardines de los Campos de Marte y casi hasta llegar al Museo del Louvre, donde nos dimos la vuelta y volvimos hasta el Sena para coger un Batobus, uno de los barcos con ruta alrededor del río y desde donde ver los monumentos mas importantes que hay a sus margenes.
Nos subimos y fue un sin parar de hacer fotos, algo increíble de ver para gente que, como nosotros, veníamos por primera vez a París... La torre Eiffel estaba preciosa desde dicha perspectiva, así como los puentes principales por los que pasamos, acompañandonos en todo momento el buen tiempo, con un precioso día soleado que practicamente me hizo estar en mangas de camisa y sudar en cantidad, empapándome la ropa térmica que llevaba debajo.
En esta época los cambios de temperatura son notables por lo que se ve, aunque me imagino que dentro de un mes el frió se hará notar casi como una constante, y la presencia de las lluvias sera mas permanente, por lo que creo que llegamos en un tiempo adecuado: un frió aceptable y al que se puede adaptar uno bien (yo le comentaba a mi pareja que se me hacia recordar al frió que sentí en uno de los pueblos de nuestra isla, San Mateo, por el mes de diciembre o enero, pero sin tanta sensacion de humedad como en la isla).
Terminamos la ruta y nos volvimos al hotel, caminando de vuelta otra vez, notando ya el cansancio de varios días de caminata constante, descansando y tomándonos la tarde noche (ya que eran casi las seis) para descansar de tanto ajetreo.
Mi pareja se quedo dormida al instante, pero yo me baje a la recepción del hotel a escribir algo en mi blog y a pasar las fotos del día al ordenador, ocurriendoseme de pronto una idea: estar en París y no salir a cenar de forma romántica seria imperdonable, por lo que llame a mi pareja y le dije que la invitaba a salir, reservandome decirle que hibamos a cenar ya que era una sorpresa, acordándome que vi unos puestos de flores cerca y saliendo a todo correr a ver si aun estaban abiertos.
Un ramo de tres rosas rojas y una orquídea, con un poquito de florecillas blancas, todo ello envuelto en un papel celofan violeta claro y anudado gracilmente con hilo de rafia... Vamos, que iba por la calle todo orgulloso destino al hotel, con mi gran ramo, y observando si había cerca algún restaurante al que pudiéramos ir, observando que había un italiano y con pizzas a buen precio.
Al entrar a la habitación, con mi ramo en la mano, pensé que la iba a sorprender, pero se ve que el cansancio y un extraño mal humor se había apoderado de ella, por lo que la sorpresa fue poca, optando ya por decirle que la invitaba a cenar a un italiano por si acaso, no fuera que no se sintiera a gusto, diciendome que si pero aun notándola incomoda... Yo me había vestido como un dandy y ella se había puesto la misma ropa que por la mañana, cosa que le comente, ya que esperaba que le ilusionase la salida, pero se ve que su estado de animo no era el mejor.
Ya, como si fuera una rutina, ME VOLVÍ A EQUIVOCAR DE LOCAL (bueno, era de noche, y algunos sitios repetían la forma exterior) por lo que entramos en un restaurante libanes, cosa que me di cuenta por la decoración y al no ver en la carta pizza alguna... Tengo que reconocer que estuvieron bien la ensalada oriental, los pinchos de ternera y los garbanzos molidos, con lo cual, la velada se paso tranquila y fueron saliendo los demonios internos que la apesadumbraban lentamente, pudiendo sonreír quedamente de vez en cuando... Volvimos al hotel sin mas al salir del restaurante, ya que empezó a llover y no pudimos dar un paseo romántico... Otra vez sera.



No hay comentarios:
Publicar un comentario