DIARIO DE UN VIAJE A PARIS: dia 1 (19/10/2009)

Por fin llego el gran día, hoy nos vamos a Paris, lugar del que siempre decíamos, como en la película “Casablanca”, que siempre nos quedaría ir allí, ante cualquier situación que nos atosigaba, que se nos hacia cuesta arriba; mas, aquí estamos, volando hacia la Ciudad de los Enamorados, hacia la ciudad de la luz (aunque parece que la previsión meteorológica dice que estará nublado)… No importa, en nuestros corazones siempre encontraremos luz por todos los rincones de esta ciudad.

En este instante, las 08:00 horas de la mañana, nos encontramos en el interior de un avión de Iberia, que despego hace ya una hora de Las Palmas, y aterrizaremos en Madrid dentro de casi una hora y media, si las condiciones atmosféricas lo permiten; hace un momento terminamos de desayunar, tomándonos un bocadillo cada uno, que compramos en el aeropuerto antes de embarcar, y como dice el dicho, barriguita llena… corazón contento.

Hace un rato amaneció, y por mi derecha se ve a través de las ventanillas del avión un sol resplandeciente y luminoso, símbolo de lo que nos espera… Se nota que mi estado de animo esta exaltado, expectante pero, curiosamente, estoy con una paz y tranquilidad asombrosa, no inquietándome ni el vuelo en avión, ni lo que nos vamos a encontrar en el aeropuerto, con el transbordo al siguiente avión, el que nos conducirá a Paris… Bueno, tranquilo estoy porque hay tiempo de sobra para embarcar, ya que es a las doce del mediodía, y no tenemos que estar corriendo por los pasillos para que no se nos escape.

Bueno, después seguiré escribiendo cuando este en el siguiente avión, para no agotar la batería del portátil, y ya pondré nuestras peripecias en el aeropuerto.

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Vaya, creo que tengo que corregirme respecto a lo de que no tendríamos que correr por el aeropuerto de Barajas, a saber: nos bajamos del avión y fuimos como unos borreguitos siguiendo a todo el personal hasta el primer punto de información de Iberia, la cual nos confirmo que teníamos que ir hacia la zona “H-22” de la T-4, y que teníamos que coger el tren interno hasta allí… Uf, cuando me dijo eso y vi. en los carteles que para llegar a dicha zona nos quedaban veinte minutos de camino, ya me vi corriendo para llegar a tiempo, pero hubo suerte y el trayecto, aunque sin paradas, fue derecho hacia dicha zona.

Pero no todo fue tan amable, ya que cuando llegamos a la zona de control de billetes, por un poco nos desnudan a los dos (y al resto de personal claro), ya que nos hicieron quitar los zapatos, a mi sacar el portátil y dejarlo en una bandeja aparte y, nuevamente, nos dejaron sin la botellita de agua que llevamos; fue algo humillante para mi pareja, ya que al verse sin sus zapatos de tacón, caminando con unas bolsitas de plástico en los pies por el frío suelo de Barajas, era casi igual que si la desnudaran en publico… Pero bueno, después del cabreo inicial y el tiempo perdido en volver a recomponer el vestuario, proseguimos nuestra ruta hacia dicha zona de la T-4, no sin antes volver a pertrecharnos de agua y de bocatas (en este caso, me pedí un Acuarius y un par de bocatas de tortilla), volviendo nuevamente al ataque y, sin pararnos un momento, dirigirnos hacia el sitio indicado, que resulto estar casi al final de la terminal, donde pudimos descansar un rato.

Embarcamos en el vuelo hacia el aeropuerto de Orly, en Paris, sobre las 11:45 horas, y esta prevista la llegada a las 14:05, volviendo nuevamente a pisar tierra y a la odisea de recoger las maletas, en un lugar donde solo se habla francés, y donde espero que con mi poquito de ingles y el poquito de francés de mi pareja todo salga bien… Nos dijeron en la agencia de viajes que nos esperaría un empleado de Iberojet al salir, con lo cual acabaría nuestra primera aventura aeronáutica (y es que levantándonos a las cinco de la mañana, ya tenemos el cuerpo cansado, y yo apenas dormí una hora).

Bueno, voy a comerme el bocata de tortilla mientras este aparato se mueve como un toro mecánico y ya seguiré escribiendo cuando lleguemos al hotel y nos den el plan para esta tarde, que según lo previsto, es un Tour en autobús turístico por las calles de Paris.

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Vaya, vaya, me parece a m que esto de los planes no esta echo para nosotros, ya que según llegamos al aeropuerto de Orly (por cierto, y según mi opinión, muy pequeño y en unas condiciones que me recordaron a alguno de los aeropuertos de las islas menores de las Canarias), tuvimos la suerte de que nuestras maletas salieron de las primeras, con lo cual salimos contentos y esperando ver a algún señor con un cartel de Iberojet justo frente a nosotros…, pero no, no había nadie esperando nuestra llegada, lo cual nos hizo poner un pelín nerviosos, ya que yo eché un vistazo a ver como estaba el exterior y había una cola de mas de 70 personas esperando taxis, y autobuses de línea no se veía ni uno…

Uy, uy, esto era lo que nos faltaba: solos y ante el peligro en tierra extraña; pero a mi pareja se le ocurrió llamar a la agencia que nos preparo el viaje y hubo suerte, alguien nos cojió el teléfono, diciéndonos que ya nos llamarían y nos dirían que era lo que pasaba; bueno, resumiendo, después de una hora y media, y de no recibir una respuesta clara de la agencia, encontramos a la vuelta de ir a dar un “paseíto al aseo” (insisto, que vergüenza de aseos para un aeropuerto de renombre, con una silla estilo Luis XV pintada a su entrada y oliendo a tigre todo el lugar) a un señor con aires de charro mexicano con el cartel de marras en la mano, dándonos una alegría tremenda y la respuesta a su tardanza: una manifestación que estaba cortando los accesos al metro y a las vías principales de acceso al aeropuerto y a otras comunicaciones viarias, diciéndonos el que gracias a su conocimiento de la zona se fue hacia el sur y pudo entrar por una carretera secundaria hasta llegar al aeropuerto…, vamos, toda una aventura.

En este punto, y cuando ya estábamos en un minibus camino del hotel, nos dijo que mañana tendríamos dos de las actividades previstas a la vez: la visita en autocar turístico por la ciudad por la mañana, y por la tarde nos iríamos a ver Versalles, dejándonos los tickets del viaje en barco por el Sena para el día que quisiéramos ir, y la reserva de mesa y espectáculo en la “Belle Epoque” para el sábado, con lo cual…, ¡¡VIVAN LOS PLANES Y LA ORGANIZACIÓN!!

Aun así, llegamos sanos y salvos al hotel, situado a 600 metros del Arco del Triunfo, y con una habitación pequeña y acogedora… Soltamos las maletas y, ante la perspectiva de que teníamos solo derecho a desayuno tipo buffet a las siete de la mañana, muy presto me fui en busca de un supermercado cercano al hotel, el cual encontré gracias a la ayuda de un recepcionista que sabia algo de español, y con el que me entendí con mi precario ingles y con su poquito de español… Y allí que me fui, con un frío que pelaba, aunque con un día luminoso, con un sol entre nubes que a veces se mantenía y daba un colorido especial a las calles y a los árboles de hoja caduca de la zona; me metí en el súper y fui comprando cosas como para varios días de estancia, saliendo con siete bolsas llenas, y pagando algo mas de 40 euros (casi lo que nos hubiésemos gastado en un almuerzo o cena ligera para dos en un restaurante de los de la zona, carísimos todos por lo que vi. en sus menús).

Luego, nos fuimos a ver la zona, con el sol comenzando a declinar en el horizonte, y llegamos hasta el Arco del Triunfo, recorriendo parte de las doce avenidas que cual rayos de sol parten del mismo en todas direcciones, cual radios de una bicicleta, paseando por la avenida de los Campos Eliseos, donde nos encontramos una tienda de souvenirs que arrasamos por completo, comprando esas chucherías que se regalan a los familiares y amigos y que, estos, después de un tiempo, guardan en el cajón del olvido, sin pensar en la pasta y en la emoción que se puso al hacerles este regalo… Lo gracioso de todo fue que yo, cual lobo de la manada, le dije a mi pareja: “no te preocupes cariño, que yo se por donde ir para llegar de nuevo al hotel”…, y me arrepentí de mis palabras, ya que al ser ya de noche, todas las esquinas me parecían las mismas, aunque tuve la idea de tomar como referencia el famoso monumento de marras (el Arco del Triunfo), y después de dar mas vueltas que una peonza al mismo, encontré la calle que, por fin, nos llevaría al hotel.

Hummm…, que rico: prepare unos taquitos de chorizo (fuet) con pan de molde, una bolsa de patatas fritas, y unas aceitunas picantes junto con unos tacos de queso en aceite y orégano que quitaban el sentido, todo ello regado con un buen vino tinto de la tierra, y nos pusimos morados… y aquí se acabo la fiesta de hoy.

En este momento, hace casi una hora que mi pareja ya esta dormida (son ahora la 23:30 horas), y yo estoy molido pero aun despierto… creo que me voy a meter en la inmensa bañera que hay en el cuarto de baño, la llenare de agua caliente, echare un poco de gel y me sumergiré hasta que la piel se me ponga arrugada y, después de unas cuantas cervezas, me meteré desnudo en la cama, ya que aquí la calefacción se nota bastante, y no hace falta que me tape con colcha alguna… Mañana seguiré contando estas peripecias de una semana en Paris y, a ver si con un poquito de suerte, nos contagiamos del ambiente parisino y le damos otro uso a la cama, o a la moqueta, o a la bañera, o a las sillas Luis XV… ejem, sin romper nada, que después hay que pagarlo.

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