Tres semanas con el Señor Milloneti - 26\04\2009

A mediados de marzo, casi a la semana de haber terminado mis primeros quince días de vacaciones, mi empresa me volvió a dar otros quince días de vacaciones por no haber trabajo en ese momento (también debido a que yo hice el comentario de que si no había otra cosa, y pensando que me estarían cambiando de servicio todos los días, que no me importaba volver a cogerlas), por lo que consulte con mi pareja la posibilidad de solicitar un préstamo a una financiera con la que trabajamos habitualmente y que, por esos días, me habían mandado una carta con un texto parecido a este: "BORRON Y CUENTA NUEVA: le damos 9.600 euros, una vez deducida su deuda anterior, para que los use en lo que quiera, a pagar en 96 meses; llámenos ya y solicite su préstamo!!!"; no me lo pense dos veces, sabiendo que tardaban tan solo 48 horas desde que lo pedías hasta que te lo ingresaban en tu cuenta, imaginando los viajecitos que nos íbamos a hacer con tal fortuna, posiblemente a París uno de ellos, un lugar que se nos hace rogar desde hace mucho tiempo.

Mas no conté con que en esos días caía la semana santa, ni tampoco pense que se iban a poner pesaditos con petición de nominas, deudas contraidas con otros bancos y demás datos financieros, por lo que todo se demoro (con envíos de fax, solicitud de firmas, mas envíos de faxes, cuatro días festivos de por medio y muchas llamadas de teléfono) hasta dos días antes de terminar mis vacaciones, diciéndome entonces que por caer en fin de semana demorarían el ingreso bancario dos o tres días mas.

En resumidas cuentas, me ingresaron el dinero el mismo día en que empece a trabajar de nuevo, con lo que el viaje a París se quedo en proyecto; pero, ¿que iba a hacer yo con tanto dinero?, y claro, al verme convertido en el Señor Milloneti, algo habría que hacer (je, je, como si no lo supiera ya).

Una vez descartados los viajes, tan solo quedaban las otras dos cosas para las que básicamente pedimos el préstamo, que eran el pago del mayor numero de deudas que se pudiera y el realizar unas reformas para la casa, para lo cual se invirtió prácticamente la mitad del préstamo..., pero aun sobraban casi 5000 euros, apareciendo entonces un simpático personaje interior que me ayudo a gastar rápidamente: el Señor Milloneti.

De todas maneras, tengo que confesar que he sido un gaston durante toda mi vida, costándome bastante ahorrar, y desde que mi filosofía de vida es vivir el momento presente, el ahora, tengo claro que el dinero es tan solo un medio a través del cual obtener el sustento diario, así como darnos la posibilidad de conseguir pequeñas parcelas de felicidad, bien para nosotros o para los demás, con lo cual, me puse manos a la obra y empece por hacer feliz a mi pareja, cosa que le debía ya que por mi trabajo apenas salimos y pocas veces puedo invitarla a cenar, comprarle algún detalle o salir a bailar.

Os puedo asegurar que fue alucinante verme de repente saliendo del trabajo, colgando el uniforme y poniéndome la "piel" del Señor Milloneti: me fui a comprar unos cuantos chismes electrónicos de los que a mi me gustan y que tenia pendientes de conseguir "para un futuro", que cada vez se hacia mas largo, pero que en esta ocasión se convirtió en momento presente; me compre una pequeña estación meteorológica que me indica por sensores la humedad, la temperatura y presión atmosférica tanto fuera como dentro de casa; también un gps para la pda, ya que estamos siempre con la broma de que cuando vayamos a París o de viaje al extranjero, así no nos perderemos; y, faltaría mas, algo de ropa para mi, viniéndome a la mente aquellas fantasías de los años ochenta donde admiraba el estilo de vestir de dos actores en sendas películas y serie de televisión, mis admirados Jhon Travolta en la película "fiebre del sábado noche" y Don Jhonson, en la serie de televisión "corrupción en Miami" (un referente para todos los amantes de la ropa italiana).

O sea, que el Señor Milloneti, mi representante de la Diosa Abundancia, se convirtió de la noche a la mañana en un Tony Manero, con chaleco blanco y todo, y en un Don Jhonson con trajes italianos hechos en lino (blanco, beige y gris); también compre una americana negra junto con un pantalón gris marengo, camisas blanca, violeta y negra, polos y camisetas en tonos pastel (rosa, beige, violeta, verde y fucsia), así como zapatos blancos y corbata blanca, a juego con mis canas.

Todavía me viene a la mente esa imagen de, como empece a decir antes, colgar el uniforme al salir del trabajo, llegar a casa y ponerme un traje, perfumarme para la ocasión, e invitar a mi pareja a almorzar, después a ir de compras, de nuevo invitarla a cenar y después a dar un paseo relajante... Y es que tuve la suerte de trabajar por esos días en turno de mañana, con lo que salía a las tres de la tarde y me cogía un taxi para casa y, ¡hala!, a disfrutar.

De todas formas, el mantener la filosofía de vivir el momento presente, sin la ansiedad de que pasaría cuando se acabara el dinero, disfrutando sin sentir complejo de culpa alguno por no ser austero y cauto ante los actuales momentos de "crisis" (palabra que no uso en mi vocabulario habitual, ya que creo que llamar a la escasez todos los días lo único que hace es que siga con nosotros), haciendo una fiesta en honor a la Diosa Abundancia, y vistiéndome del Señor Milloneti por unos días.

Por descontado, mi pareja fue quien mas parabienes recibió en estos días, renovándole el vestuario en ropa, zapatos y bolsos, y agasajándola como se merecía después de tanto tiempo sin poder disfrutar juntos (cierto es que el dinero no da la felicidad, pero si te permite pasar momentos agradables donde dar es siempre mejor que recibir).

A fecha de hoy (28-04-2009), y varios días después de la resaca consumista, el Señor Milloneti se fue de fiesta con la Diosa del Amor, y me dejo abandonado a mi suerte, trabajando varios días en turno de noche, doce horas, durmiendo poco y con la cabeza abotargada de tanto sueño, levantándome medio dormido y con el tiempo justo para comer algo y salir al poco tiempo a trabajar de nuevo, viendo poco a mi pareja y sin poder darle uso a mis trajes italianos...

La Ley del Péndulo vuelve a ponerse en marcha pero, creo que voy a jugar con ese péndulo invisible y a subirme hasta su engranaje, escalarlo y, como si fuera un alpinista, poner mi bandera en lo alto de su cima y quedarme allí durante un tiempo, evitando sus idas y venidas... Disponer del libre albedrío tiene sus ventajas, y ahora es momento de actuar, de ser creativo.

Shanti Prem.

No hay comentarios:

Mi lista de blogs