El rey y el lacayo (1ª parte)


Un día, hace ya mucho tiempo, estaba un lacayo haciendo las labores que todo lacayo de la corte tiene que hacer: controlar la limpieza de los aposentos reales, supervisar que los carruajes estén a punto para salir, tener preparados los ropajes de sus majestades, estar atento a los últimos chismes de la corte por si la reina quiere informarse de ellos y, por supuesto, saber cuales son las cortesanas mas afamadas por si el rey quiere echarse una canita al aire.

Por casualidad, Jústus, el lacayo mas antiguo de la corte, tuvo una información sorprendente, diriase que inquietante, la cual le llego a través de sus contactos, lejos, muy lejos, en los limites del reino.

"Un viejo alquimista esta haciendo maravillas en los pueblos próximos al reino contiguo", le dijeron; "los lugareños lo aclaman con vítores al pasar y lo tratan como a un príncipe"; el lacayo Jústus pregunto: "¿y que maravillas hace para que se le tenga mas respeto que a nuestro rey?", a lo que le respondieron: "dice que los sueños pueden hacerse realidad, que los pensamientos sobre las cosas que deseamos conseguir se cumplen si se toma una pócima que el prepara y se dice unas palabras que tan solo el sabe, ¡la gente esta alcanzando sus sueños!, y algunos están difundiendo estas cosas como milagros, ¡toda la gente es feliz!."

¿Alguien que podía hacer realidad los sueños de los demás?, ¿y si los campesinos decidían soñar el convertirse en señores?, ¿y si decidían soñar en la libertad?, ¿quien trabajaría los campos, quien llevaría el ganado a pastar, quien ordeñaría a las vacas, quien... haría el trabajo sucio?, ¿los lacayos?. No, ¡eso no!

Jústus ya tenia experiencia en estas noticias, y en la forma que el rey tomaría cartas en el asunto de forma inmediata: le fue con el cuento a la reina, adornando la noticia de tal forma que a esta le origino una incertidumbre tan grande que mando al consejero del rey con tremendo comunicado.

El rey estaba en esos momentos en plena deliberación... Dudaba en si poseer primero a la belleza de ébano que tenia desnuda delante suyo mientras observaba como se acariciaban las dos rubias nórdicas que estaban en el lecho, o bien saboreaba la leche de la joven nodriza que mostraba unos pechos turgentes y que los apretaba de vez en cuando para que saliera el tan cálido néctar; en esa duda tan sensual estaba cuando llamo apresuradamente a la puerta de sus aposentos el consejero, único que podía interrumpirlo en sus ratos de privada diversión.

"¡Tu tenias que ser Orestes!, otro mas inoportuno no hay, ni mas atrevido, ¿que hay tan importante como para venir a importunarme en este momento?; pasa, pasa." El consejero real ya conocía los jueguecitos del rey y no se sorprendió al ver a tanta belleza desnuda; "Majestad", dijole al rey, "¡vuestro reino esta en peligro...!"

La noticia alarmo al rey de tal manera que llamo al mas alto cargo eclesiástico de su reino, el cardenal Leopold, contándole lo ocurrido (bueno, la información inicial ya estaba tan deformada, que el viejo alquimista ya estaba transformado en un brujo demoníaco y los felices lugareños eran unos adoradores del mal); "Majestad, ¡todo esto hay que cortarlo de raíz ya!", dijo el cardenal Leopold, "si lo dejáis pasar mucho tiempo, el mal se plantara de bruces en vuestra corte, si me lo permitís, ¡seré yo mismo quien vaya a por ese brujo y os lo traeré encadenado a vuestra presencia!"

A la mañana siguiente, el rey vio partir al cardenal Leopold con su cohorte de inquisidores y una parte de la guardia real, capitaneada por el favorito del rey, el duque de Etréum.

No tardaron mas de una semana en llegar, apostándose cerca del pueblo, y acordando atacarlo por la noche y capturar al alquimista y al máximo de aldeanos posible (aunque para el duque de Etréum eso no era lo mas importante, ya que si estos habían saboreado la libertad, lo mejor era quitarlos de enmedio... por si acaso)

Llego la noche... Una inmensa Luna llena caía sobre el poblado... ¡y el duque de Etréum mando atacarlo!. Los soldados tomaron posiciones y comenzaron a entrar en las casas a saco, estruendosamente... Primero una, después otra... ¡pero estaban vacías!, ¡no había nadie en ellas!, ¡no había nadie en el poblado!

El cardenal Leopold exclamo: ¡es cosa de brujería!, ¡este pueblo esta embrujado!, ¡quemadlo!. Y todo se convirtió en una tremenda hoguera, propagándose el fuego hasta un bosque cercano. Un calor asfixiante los envolvió a todos... Y entonces lo vieron, quedándose todos atónitos, inmóviles... Ni el aguerrido duque de Etréum y ni el ofuscado cardenal Leopold sabían que hacer...

Era real... Un hombre con una larga túnica de color ocre, barba blanca, una bolsa en bandolera y un bastón alto en el que se apoyaba al caminar... ¡y se dirigía hacia ellos!, ¡de forma altanera!, ¡desafiante!... Y por fin se escucho una voz: ¡soldados!, ¡prended a ese hombre, en nombre del rey!... La voz del duque de Etréum resonó en la noche, y así se hizo, no ofreciendo resistencia alguna el anciano alquimista...
Fin de la 1ª parte.

No hay comentarios:

Mi lista de blogs